Enfermo de amor de Steffi Hernández 003

Capítulo 3 Debería casarme con usted

Después de ponerse la ropa, echó un vistazo hacia la izquierda mientras salía del probador, pero ahora la puerta estaba cerrada.
—Le queda a la perfección.
La dependienta tenía un buen sentido de la moda, y podía vestir a cualquiera casi sin esforzarse. Lin Xinyan usaba un largo vestido azul claro que hacía que su piel se viera todavía más blanca. El listón que estaba en la cintura resaltaba su figura y, aunque se veía un poco delgada, sus delicados rasgos faciales lo compensaban.
Lin Guoan la miró por un poco más de tiempo y fue a la caja una vez que se sintió satisfecho con la apariencia de su hija. En ese momento, se dio cuenta de que el vestido costaba 30,000; sin embargo, al ver que ese sería el vestido que ella usaría para conocer a la familia Zong, logró pagarlo de alguna manera.
—Vámonos —dijo él con un tono gélido.
Lin Xinyan estaba acostumbrada a su actitud indiferente, pero la frialdad en su tono aún la hacía sentir una oleada de dolor. Lo siguió hasta el auto con la cabeza agachada. En un abrir y cerrar de ojos, ya se habían detenido al frente de la villa de la familia Lin; el conductor le abrió puerta a Lin Guoan mientras que Lin Xinyan caminó tras él. Durante unos segundos, ella se quedó quieta frente a la villa. Su padre y su amante habían estado disfrutando del momento de sus vidas mientras ella y su madre lo habían pasado terrible cuidando de su enfermo hermano menor.
De manera inconsciente, Lin Xinyan apretó los puños.
—¿Qué estás haciendo ahí?—Lin Guoan miró hacia atrás cuando se percató de que no había señal de ella; luego, miró deprisa y vio que todavía estaba de pie frente a la entrada.
Lin Xinyan salió del trance de pensamientos en el que se encontraba y lo alcanzó. Al llegar, las sirvientas les dijeron que los Zong aún no llegaban, por lo que Lin Guoan le dijo que esperara en la sala de estar.
Cerca de las ventanas francesas, había un piano alemán Seidl & Sohn. Era un costoso regalo que su madre le había hecho a Lin Xinyan cuando tenía cinco años. Desde pequeña le encantó, había empezado a aprender a tocar el piano a los cuatro años, pero lo dejó cuando la enviaron lejos. Desde entonces, no había tocado. Sin darse cuenta, se acercó al instrumento, el cual le daba una sensación de familiaridad que la emocionaba; con su dedo pulgar, presionó con suavidad las teclas y un limpio sonido se escuchó en la habitación. Debido a la falta de práctica, sintió que sus dedos estaban tiesos.
—¡Eso es mío! ¿Quién te dio permiso de tocarlo?—La voz de una persona que parecía estar molesta se escuchó con claridad a sus espaldas.
«¿Su piano?» Lin Xinyan se dio la vuelta y vio que Lin Yuhan estaba de pie junto a ella, casi pudo ver cómo el humo salía de las orejas de aquella chica. Lin Yuhan ahora tenía diecisiete años, era un año menor que Lin Xinyan y era notorio que su media hermana había heredado los genes de Shen Xiuqing, puesto que era hermosa. Sintió enojo mientras apretaba los dientes y le clavaba la mirada.
—¿Es tuyo?
Ellas habían destruido el matrimonio de su madre y se habían quedado con el dinero, ¿y ahora se atrevía a decir que ese regalo le pertenecía a ella? Lin Xinyan apretó los puños y se dijo a sí misma que debía calmarse. No tenía el poder de reclamar cosas que aún no eran de ella. Por ende, no podía permitirse actuar de una manera tan imprudente. Ya no era la niña llorona que de hace ocho años a quien su padre había mandado lejos, ya había crecido.
—¡Tú eres Lin Xinyan!
Fue en ese momento en el que Lin Yuhan se dio cuenta de que ese era el día en el que la familia Zong llegaría, y su padre había llevado de vuelta a la madre y a su hija desde el extranjero. Lin Yuhan todavía podía recordar la mirada lastimera en el rostro de Lin Xinyan el día que él las envió a ambas fuera del país. Ella se había puesto de rodillas, rogándole a su padre que no las mandara lejos.
—¿No te alegraste de que papá haya ido a buscarte? —Lin Yuhan se cruzó de brazos, la miró con desdén, y continuó—: No estés tan feliz, solo viniste a emparentarte con la familia Zong. He escuchado que ese hombre…
A mitad de la frase, Lin Yuhan comenzó a burlarse. No podía evitar sentirse llena de dicha cuando pensó en que Lin Xinyan se casaría con un hombre discapacitado e infértil. El matrimonio era una de las cosas más importantes en la vida de una persona. Si Lin Xinyan se casaba con un hombre así, su vida estaría arruinada.
Lin Xinyan frunció el ceño; en ese momento, la sirvienta entró y les dijo:
—La familia Zong está aquí.
Lin Guoan fue a la puerta y los invitó a pasar a la casa.
En el instante en que Lin Xinyan se dio la vuelta, pudo ver cómo metían al hombre en su silla de ruedas. Tenía unos rasgos faciales fuertes y aspecto digno; aunque estaba en una silla de ruedas, ella dudó que alguien pudiera ser capaz de despreciarlo.
«Su rostro… ¿qué no es el hombre que vi en el probador? ¿Él es el señor Zong?» Sin embargo, en el probador, ella pudo ver con claridad que él podía ponerse de pie y abrazar a la mujer. Lin Xinyan no vio que hubiera algo mal con sus piernas. «¿Qué está pasando?»
Antes de que pudiera averiguar por qué el hombre pretendía estar discapacitado, Lin Guoan la llamó:
—Xinyan, ven pronto, él es el señor Zong.—Lin Guoan tenía una mirada de respeto en el rostro mientras se inclinaba para hacer una reverencia—. Señor Zong, ella es Yan.
En el corazón de Lin Guoan surgió una ola de simpatía. Él era el señor de la familia Zong, pero ahora no era nada más que un discapacitado.
Zong Jinghao posó su mirada en Lin Xinyan, quien parecía bastante joven y delgada, frunciendo el ceño al ver esto, pues estaba tan delgada que parecía desnutrida.
Este era el matrimonio que su madre había arreglado para él. Era el hijo que había sobrevivido, así que no podía romper la promesa; esa era la razón por la cual, cuando la serpiente lo mordió, se aseguró de que se esparciera como pólvora la noticia de que no se recuperaría nunca del veneno. Ahora, todos creían que era un discapacitado y un impotente.
Ese era su plan para hacer que la familia Lin se retractara del compromiso. No obstante, lo había calculado mal dado que nunca se retractaron.
Zong Jinghao permaneció en silencio con un rostro sombrío y Lin Guoan pensó que no estaba feliz con su hija, por lo que explicó deprisa:
—Solo tiene dieciocho años y todavía es joven, pero será muy hermosa cuando crezca más.
Zong Jinghao se burló en su interior, ya que él no podía ver nada de belleza en esa chica. En vez de eso, lo único que veía era lo inusual que era que un padre quisiera casar a su hija con él, un «discapacitado». Él tenía rasgos afilados, pero cuando sonreía, parecía más bien una mueca.
—Tuve una lesión severa cuando estuve en el extranjero, así que no seré capaz de caminar, ni de cumplir con los deberes de un esposo…
—No me importa —respondió Lin Xinyan al instante.
Lin Guoan le había prometido que mientras se emparentara con la familia Zong, él le devolvería la dote a su madre. Ella estaba de acuerdo con el matrimonio, incluso aunque se casara con él por un día y al siguiente se divorciaran. Así, después de tomarse un momento para digerir la información, Lin Xinyan al fin se dio cuenta de lo que estaba sucediendo. Él podía ponerse de pie, pero había ido a casa de la familia Lin en silla de ruedas, lo cual significaba que no tenía ganas de mantener ese compromiso con esa mujer, sino que esperaba que la familia Lin rompiera el trato.
Sin embargo, no había considerado que Lin Guoan estaba dispuesto a sacrificar a su indigna hija para cumplir con la promesa.
Zong Jinghao la miró con los ojos entrecerrados. Lin Xinyan sintió que un escalofrío recorría su columna cuando se dio cuenta que la estaba mirando; estaba muy reacia y no quería formar parte de la familia Zong. No obstante, si no lo hacía, sería incapaz de regresar a casa y reclamar lo que le pertenecía por derecho; entonces, levantó una de las comisuras de sus labios y le regaló una sonrisa amarga.
—Estábamos comprometidos desde que éramos jóvenes. Debo casarme con usted sin importar su condición actual.
La mirada de Zong Jinghao se volvió aún más sombría, pues ella sí que sabía expresarse. Por otro lado, Lin Guoan estaba distante y no prestó mucha atención.
—La fecha de la boda… —sugirió Lin Guoan.
Zong Jinghao tenía en su rostro una expresión en la que se mezclaban distintos sentimientos, y después su mirada se tornó apacible.
—Claro, nos apegaremos a la promesa. Esto es un juramento y no me retractaré.
Lin Xinyan agachó la mirada y dejó sus emociones de lado. No se atrevía a verlo, pues era evidente que él no estaba feliz con aquel trato, pero ella solo estaba cumpliendo con la promesa.
—Está bien.
Lin Guoan se sintió feliz. El hecho de lograr que su sosa hija formara parte de la familia Zong era algo digno de celebrar. Aunque la familia Lin también era adinerada, no era nada al lado de la familia Zong. Si ellos eran un tiburón, los Lin eran unos simples camarones sin punto de comparación.
—Les pedí a las sirvientas que prepararan la cena, por favor quédense con nosotros —dijo Lin Guoan mientras hacía una reverencia.
Zong Jinghao frunció el ceño, pues le disgustaba aquella actitud hipócrita.
—No lo creo. Todavía tengo algunos asuntos que arreglar —Zong Jinghao rechazó la oferta.
De camino a la salida, pasó frente a Lin Xinyan y levantó la mano hacia Guan Jing para indicarle que hiciera una pausa. Luego, levantó la cabeza, y preguntó:
—¿La señorita Lin está libre?

SIGUIENTE

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