Enfermo de amor de Steffi Hernández 026

Enfermo de amor novela Capítulo 26 Una mujer conflictiva_Las mejores novelas Romance | Miniread
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Zong Jinghao lo vio de reojo.
—No te entrometas en mis asuntos.
Guan Jing sonrió a modo de disculpa.
—Solo tenía curiosidad. La Srta. Bai ha estado con usted por más tiempo, creo que ella es más apropiada.
—Guan Jing. —Las palabras de Zong Jinghao eran lentas y se transformaron en una ola inexplicable de presión, por lo que Guan Jing sintió un escalofrío y estaba a punto de explicarle antes de que mirara sus ojos con una falsa sonrisa—. Parece que te interesan mis asuntos personales. ¿Por qué no tomamos asiento y conversamos?
Guan Jing comenzó a sudar frío y sonrió disculpándose.
—No me atrevería.
En ese momento, el elevador se detuvo. Guan Jing se apresuró a retroceder, guardando distancia entre él y Zong Jinghao mientras que el otro solo lo miró con indiferencia y salió del elevador.
Bai Zhuwei estaba parada en la puerta con los documentos en su mano como si ella supiera que Zong Jinghao iba a regresar a esa hora. Cuando lo vio, se aproximó a toda prisa.
—Necesito que firme este documento.
Ella no mencionó nada del incidente de la noche anterior, pues ser tan irracional solo lo haría sentir disgustado. En cambio, si se comportaba como una persona educada y sensible, sería la verdadera herramienta para entrar en el corazón de un hombre.
Zong Jinghao alcanzó los papeles, los firmó y se los regresó.
—Vamos a cenar hoy en la noche—le dijo.
¿Era una forma de compensarle? Bai Zhuwei sonrió y dijo:
—De acuerdo.
—Elige un lugar, cualquiera que te guste.
Él era responsable por esta mujer.
Bai Zhuwei lo siguió y le mencionó su itinerario mientras caminaban; cuando llegaron a la entrada de la oficina, Bai Zhuwei cerró su libro y le preguntó:
—¿Le gustaría algo de beber?
—Una taza de café—dijo él antes de entrar en la oficina.
Cuando Bai Zhuwei estaba preparando la bebida en alacena, miró a la nueva gerente de Recursos Humanos entrando con Lin Xinyan a su lado y no pudo evitar sentirse tensa. «¿Por qué estaría aquí Lin Xinyan?»
Bajó la cafetera y avanzó para detener a la gerente; luego, miró a Lin Xinyan.
—¿Qué estás haciendo aquí? —le dijo.
Sus ojos estaban sorprendidos y ella estaba a la defensiva como si no esperara ver a Lin Xinyan en la empresa.
—Soy la nueva traductora. —Lin Xinyan sonrió.
Bai Zhuwei apretó las manos con fuerza mientras le dedicaba una mirada asesina; después de que se había ido aquel día, Lin Xinyan debió haber seducido a Zong Jinghao. ¿O de que otra forma estaría ella en la empresa?
Lin Xinyan se dirigió hacia ella y le susurró:
—Mi esposo quería verme todo el día. Por eso él quiso que viniera a trabajar, para que pudiera verme más seguido.
—¡No te sientas la gran cosa!—Bai Zhuwei la miró molesta—. ¿Quién te crees que eres? ¿Crees que de verdad le gustas a Hao? ¿Siquiera te has visto en un espejo?
Ella estaba furiosa, pero era capaz de razonar y tener en mente que no debía revelar su relación con Zong Jinghao por accidente. Toda la empresa sabía que ella era la mujer con la que él debía casarse.
Lin Xinyan miró con desdén cuando Bai Zhuwei hizo berrinche. Ya que ella había sido la causante de la enfermedad mental de Zhuang Zijin, nunca serían capaces de verse frente a frente.
Pronto, Bai Zhuwei volvió en sí. Este era su territorio, así que sería una victoria fácil si ella quería jugar.
La mirada Bai Zhuwei flotó hasta su estómago y juró que nunca permitiría que ese bebé llegara a este mundo.
—¿Srta. Bai conoce a la Srta. Lin? —El gerente de Recursos Humanos se percató de que pasaba algo entre esas dos, pero ellas no decían nada; mientras tanto, él solo pretendía no saber en absoluto.
Los tontos no podrían trabajar en este tipo de empresa.
Había una sonrisa inusual en el rostro de Bai Zhuwei.
—Así es—respondió ella con casualidad—. Ya que ella es la nueva traductora por favor dígale que me siga para que podamos hacer el contrato.
—Eso estaría bien. —El gerente sonrió.
Después de que él se fuera, Bai Zhuwei dejó sola a propósito a Lin Xinyan y regresó a hacer el café a la alacena. Lin Xinyan frunció el ceño.
«¿Por qué esta mujer es tan infantil? ¿Qué tiene que ver en todo esto?»
—Srta. Bai, ya que está ocupada me iré a la oficina de mi marido. Él…
—¡Cierra la boca!—Bai Zhuwei se había calmado justo antes de volver a molestarse al escuchar sus palabras otra vez.
«¿Por qué esta mujer no puede solo morirse?»
—Si no quiere que nadie lo sepa, entonces no debió hacerlo. Srta. Bai, usted empezó esto. —Lin Xinyan sonrió.
«¿Ella… lo sabe? ¿Qué tanto sabe al respecto? No, no, ella no podría saberlo. La única mujer que lo sabía está muerta. ¿Cómo podría ella saberlo?»
Ella reprimió su ansiedad y dijo con tranquilidad:
—No sé de qué habla, Srta. Lin.
—¿Nunca has visitado el distrito Mingwan? —preguntó Lin Xinyan mirándola frente a frente.
Bai Zhuwei quedó atónita por un momento. «Así que comenzó a hablar de eso.» No esperaba que lo descubriera tan pronto, pero le aliviaba que no fuera el otro asunto. Aun así, ella no lo admitiría, por lo que pretendió estar confundida.
—¿El distrito Mingwan? —dijo—. ¿No es donde está la Srta. Lin?
Lin Xinyan resopló, pero no continuó, pues ambas sabían de qué se trataba.
—¿Cuál es mi escritorio?
Bai Zhuwei apuntó al lugar más remoto en una esquina.
—Todosí.
—Incluso si es ese rincón, aún vivimos bajo el mismo techo —dijo Lin Xinyan con tal de fastidiarla.
Luego, caminó hacia su lugar.
Wanyue estaba trabajando en un nuevo proyecto en la ciudad A y había varios documentos que habían sido enviados a esa ciudad. Los documentos se habían acumulado como si no tuvieran ningún traductor antes de ella. Bai Zhuwei le entregó todo y le pidió que terminara en dos días, sin dejarle siquiera un momento para descansar.
Cuando era hora de ir a casa, Lin Xinyan aún estaba sepultada entre montañas de documentos por traducir. Cuando Zong Jinghao salió de su oficina, Bai Zhuwei ya se había quitado la ropa de trabajo ahora usaba un largo vestido blanco con su cabello color castaño y un maquillaje delicado que la hacía lucir preciosa y majestuosa.
Ella lo saludó y sostuvo su brazo.
—Reservé una mesa en Fan Kong. Sé que te gusta la comida de ese lugar.
Zong Jinghao tarareó en respuesta, en realidad no estaba tan interesado. Él miró sin querer a Lin Xinyan, quien estaba trabajando en un rincón y levantó las cejas. Bai Zhuwei se apresuró a explicar:
—Ese era el único rincón que quedaba disponible, así que solo pude acomodarla ahí. —Al final de la oración agregó—: Fue una predisposición.
Incluso si ella no lo decía, Zong Jinghao pudo percatarse de sus acciones, pero al final prefirió admitir que ella no le agradaba.
—¿Fui demasiado mezquina? —Ella bajó la cabeza.
¿Qué podría decir él acerca de esto? Ella ya había sido demasiado honesta con él.
—Vámonos.
Él estaba tranquilo y nada podía alterar su corazón; tampoco podía entender lo que sentía por Lin Xinyan, sin mencionar a Guan Jing ya que él la odiaba, la detestaba y quería saber más sobre ella, como su risa y su llanto. ¿Qué otros secretos tenían ella que él pudiera descubrir?
Era una mujer conflictiva y él estaba interesado en ella.
Al darse cuenta de que Zong Jinghao no se había enojado ni había dicho nada por ella, Bai Zhuwei se sintió más aliviada. Lin Xinyan no debía ocupar demasiado espacio en el corazón de Zong Jinghao. Quizás solo se debía a la muerte de su madre. Después de todo, solo era un matrimonio arreglado por su madre.
Al pensar eso, se sentía mucho más aliviada.
Lin Xinyan había visto a Bai Zhuwei salir con Zong Jinghao y pretendió no haberlo visto. No fue hasta que el elevador cerró sus puertas cuando entonces ella levantó la cabeza. Ellos estaban enamorados y ella no podía entender porque a Zong Jinghao le gustaba Bai Zhuwei, quien aparentaba ser alguien muy normal, pero en realidad era vil. Aunque no tenía nada que ver con ella, no pudo evitar bajar la cabeza y sonreír con amargura.
Justo antes de las doce, por fin logró terminar su trabajo. Apenas y había gente a estas horas en el edificio, incluso había menos autos en la calle que durante el día y sin el ruido, todo parecía mucho más tranquilo.
Ella se quedó de pie a un lado del camino esperando un taxi. No después de tanto tiempo uno se acercó y agitó la mano para que se detuviera.
El auto se detuvo a su lado y ella abrió la puerta trasera y le dijo al conductor:
—A la calle Tongfu, número 138, por favor.
El taxista condujo. Lin Xinyan miró el escenario mientras aceleraba. Sus ojos estaban entre cerrados dado que se sentía soñolientas y sacudió la cabeza en un intento por despertarse. Al cabo de un tiempo, ella se dio cuenta de que el auto iba en la dirección incorrecta.
—Señor, me dirijo a la calle Tongfu 138.
El conductor se dio la vuelta para mirarla y le sonrió mientras decía:
—He sido taxista por muchos años. Conozco bien los atajos.
Lin Xinyan asintió. Después de todo, ella no conocía el bien la zona.
Diez minutos más tarde, el taxi no había llegado a su destino. De haber seguido la ruta usual, ellos ya habrían llegado. Además, él había dicho que estaba usando un atajo, pero ella sabía que algo andaba mal.

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