Enfermo de amor de Steffi Hernández 034

Enfermo de amor novela Capítulo 34 Apoyando a su esposa _Las mejores novelas Romance | Miniread
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La oficina de Zong Jinghao estaba modernizada de una forma muy particular, era muy espaciosa y estaba llena de muebles, los cuales la hacían parecer imponente y majestuosa; había ventanas estilo francés ubicadas en la pared de enfrente, las cuales dejaban entrar suficiente luz del sol y a través de ellas se podía ver toda la ciudad estando ahí.
Zong Jinghao estaba leyendo un documento sin mirarla, así que Lin Xinyan se detuvo frente al escritorio y le entregó el documento.
—Ponlo sobre el escritorio —dijo con una voz fría y sin tomar el archivo.
Lin Xinyan no tuvo más remedio que hacer lo que le pedía. Ella quería decir algo, pero no podía encontrar las palabras correctas para decirle. «¿Por dónde debo empezar? Debería decir algo como: “Sr. Zong, ¿puede venir a casa conmigo?”» Pero Lin Xinyan sabía que en definitiva él se negaría a lo que ella le pidiera.
Zong Jinghao, aun pensando que era Bai Zhuwei, le preguntó:
—¿Hay algún problema?
Él cambió la página y sus ojos estaban enfocados por completo en su documento.
—Me gustaría pedirle un favor. —Lin Xinyan hizo un esfuerzo adicional para mencionar esas palabras.
Al escuchar que no era Bai Zhuwei, él levantó la mirada y vio a Lin Xinyan parada muy nerviosa frente al escritorio
—Sr. Zong —dijo ella, sonriéndole de inmediato.
Sus ojos brillaban con entusiasmo cuando él la miró pero aquel brillo duró solo un instante. Él parecía sorprendido de que ella estuviera en su oficina; después, cerró el documento, se reclinó en su silla y la miró. Nunca se reprimía de escanear cada centímetro de su cuerpo, incluyendo su rostro, cuello, pecho y cintura.
—¿Hay algo que quieras decirme?
Ella evadió su mirada y le respondió:
—Sr. Zong, ¿se da cuenta de que me metió en muchos problemas?
—¿Qué?
Él estaba sorprendido al escuchar eso. Lin Xinyan sacudió sus manos y dijo con calma:
—Estoy segura de que usted sabe que Bai Zhuwei siempre encuentra la forma de perjudicarme. Además, alguien casi me hace daño solo porque me casé con usted, así que, ¿podría acompañarme a la residencia de la familia Lin por mi seguridad?
Zong Jinghao sostuvo su cabeza con una mano mientras masajeaba sus sienes, parecía cansado y no quería decir nada. Aún ahí parada, Lin Xinyan estaba desconcertada y no sabía que era lo que él estaba pensando.
—¿Qué dijiste? —le preguntó.
—¿Podría acompañarme a la residencia de la familia? —repitió de inmediato.
—Oh —respondió con voz grave.
«Solo responde sí o no.»
Lin Xinyan sentía mariposas en el estómago. Quería preguntárselo de forma directa, pero de inmediato pensó que no sería muy apropiado. Mientras seguía contemplándolo, notó que él seguía masajeando sus sienes. Ya que ella le estaba pidiendo un favor, se había decidido y avanzó hacia el escritorio, se acercó hacia él de manera extraña y le dijo:
—Déjeme ayudarlo.
Él bajó sus brazos y cerró los ojos aceptando su oferta. Lin Xinyan no tenía ninguna experiencia relevante y, aun así, estaba intentando masajear sus sienes por él. Era evidente que sus músculos se tensaron en el momento en que sus dedos tocaron la piel del hombre. Lin Xinyan pensó que se sentía incómodo así que lo masajeó de manera gentil y le preguntó:
—¿Así está bien?
—Mmm —respondió con una voz un tanto áspera.
Ella siguió aplicando la misma fuerza en sus sienes. Mientras miraba hacia abajo, se dio cuenta de que sus músculos estaban tensos y vivaces; su rostro, su cuello y su manzana de Adán exudaban una sensualidad particular. Con eso, ella ya no se atrevió a verlo de nuevo, sino que apartó la vista de él y trató de retomar el tema.
—No sería nada especial que vaya a la residencia de la familia Lin conmigo.
Él abrió los ojos de par en par sin poderlo creer y respondió a modo de burla:
—¿En serio?
Ella se puso nerviosa y sabía que no podía esconderlo, entonces abrió la boca de nuevo para decir:
—Solo quiero que Lin Guoan vea que si le agrado para que pueda recuperar algo que me pertenece y que él tiene, así que Sr. Zong, ¿puede acompañarme? —Lin Xinyan estaba preocupada de que él se negara y entonces agregó—: Sr. Zong, hoy casi me mojan con agua hirviendo, de no ser porque su mujer piensa demasiado en mí, ese desastre no habría sucedido.
Ella se detuvo por un momento y continuó:
—En cuanto al documento, pasé toda la noche traduciéndolo en casa y usted ni siquiera me ha pagado incluso cuando ya habíamos acordado un precio. Ahora, no quiero el dinero, solo espero que pueda hacerme ese favor, Sr. Zong.
Él por fin abrió los ojos y dijo:
—Si así lo dices, entonces parece que no puedo negarme.
—Gracias, Sr. Zong.
¡Toc, toc! Antes de que ella pudiera terminar de agradecerle alguien tocó la puerta de la oficina. Ella dejó de masajearlo y se sintió tensa, bajando los brazos y alejándose.
Zong Jinghao la miró sin decir nada, asintiendo; Lin Xinyan miró hacia abajo y se frotó los dedos ya que sus manos estaban sudorosas. Ella nunca se atrevería a halagar a Zong Jinghao si no fuera con el propósito de usarlo. No tenía a nadie más por ahora y solo podía usar el poder de su «marido» para recuperar las cosas que le pertenecía.
Bai Zhuwei entró con un documento y frunció el ceño de inmediato en cuanto miró a Lin Xinyan; antes de que ella quisiera preguntarle porque estaba ahí, Zong Jinghao dijo:
—¿Querías verme?
—Firme este documento por favor —dijo con una sonrisa fingida, él tomó el papel y le echó un vistazo antes de decir—: Puedes retirarte.
Lin Xinyan bajó la cabeza y salió de la oficina. Bai Zhuwei se dio la vuelta y la miró. Ella no podía esperar para darle una bofetada en el rostro. ¿Y si estaba tratando de seducir a Zong Jinghao mientras ella no estaba? Ese era su territorio y Lin Xinyan jamás debía pensar en cruzar las líneas.
—Hao, ella…
—Le pedí que me entregara el documento traducido, ¿pasa algo?
Él no mostraba ninguna emoción y de esta forma ella no podía saber si estaba mintiendo, sino que había asumido toda la responsabilidad sin darse cuenta. Podía darse cuenta de que Bai Zhuwei no era muy amistosa con ella, pero no podía hacer nada. Él era responsable por Bai Zhuwei.
—No. —Bai Zhuwei se acercó para masajearle los hombros y dijo—: Solo deja que me encargue de esas labores la próxima vez.
Zong Jinghao estuvo de acuerdo con calma.
Después de terminar el trabajo, Lin Xinyan se paró al borde de la carretera fuera del edificio y se enderezó en cuanto vio un auto negro saliendo del estacionamiento puesto que sabía quién era el dueño de ese auto, el cual de pronto se acercó a ella y una ventana se deslizó hacia abajo. Guan Jing no lo acompañaba hoy, así que él era quien conducía el auto.
Zong Jinghao la miró, pues ella llevaba un vestido rojo con los hombros semi descubiertos que le quedaba a la altura de las rodillas, mostrando sus pantorrillas blancas y delgadas. Lin Xinyan sintió su mirada y explicó:
—Me preocupaba avergonzarte sin no me arreglaba para la ocasión ya que soy tu «esposa».
Ella tenía que aparentar ya que no quería que Lin Guoan se diera cuenta de que Zong Jinghao y ella no estaban enamorados; por lo tanto, regresó a la villa durante la hora del almuerzo para cambiarse. Ese vestido era un regalo que He Ruize le había dado cuando tenía 18 años y ni siquiera se lo había puesto desde ese entonces. Ya que ella estaba muy delgada, se veía particularmente hermosa en ese vestido rojo que hacía juego con su piel y que resaltaba su cuello delgado.
Era algo difícil de superar.
—Sube —dijo con tranquilidad Zong Jinghao, desviando la mirada.
Ya que se dirigían a la residencia Lin, ella debía sentarse en el asiento del copiloto para que aparentaran ser una pareja de verdad. Zong Jinghao se veía tan relajado y Lin Xinyan no podía saber lo que él estaba pensando.
«¿Escogí un mal vestido?» Ella rara vez usaba colores brillantes, aunque He Ruize solía decir que ese vestido había sido hecho para ella.
Todo fuera del auto se movía hacia atrás mientras que ellos avanzaban, los reflejos mostraban el rostro duro y hermoso de Zong Jinghao como una serie de fantasías encantadoras. Todo era tan lejano e irreal, parecía que la distancia entre ambos era tan cercana y tan lejana. Lin Xinyan dudó por un momento antes de preguntarle sus dudas:
—¿Me vestí muy mal?

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