Enfermo de amor de Steffi Hernández 038

Enfermo de amor novela Capítulo 38 Él es el padre del niño_Las mejores novelas Romance | Miniread
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Ella había estado traduciendo documentos para Zong Jinghao en la compañía y sabía que su nuevo proyecto había sido lanzado en la ciudad de Yilan, en específico en el país A. Ella también estaba en la ciudad de Yilan cuando vivía en el extranjero, pero esto no era importante. Lo que tenía más importancia era que, la noche que vendió su cuerpo para poder pagar el costo de la cirugía de su hermano y su mamá, ella mordió al hombre debido a que era la primera vez que tenía sexo y estaba siendo doloroso. Siguió la petición de la mujer que le recomendó al hombre y la casa estaba oscura por completo, pues no se podía encender ninguna luz. A pesar de que no pudo ver su rostro, recordaba que lo había mordido en el brazo derecho. ¿Acaso era una coincidencia? No pudo evitar dar un paso hacia atrás.
¿Por qué habría de ocurrir tal coincidencia?
Lo primero que supo al traducir los documentos fue que Zong Jinghao había ido al país A hace dos meses. Si era real, entonces… Sin darse cuenta, cubrió su vientre con su mano. «¿Es el padre del niño?»
No pudo evitar quedar impresionada cuando ese pensamiento le llegó a la mente.
Zong Jinghao pudo sentir de manera clara que alguien lo miraba fijo. «¿Qué está haciendo esa mujer?» Fingió que apenas estaba despertando y poco a poco abrió los ojos, pues pensaba que lo estaba mirando mientras dormía. Sin embargo, lo que vio fue a alguien derramando sus lágrimas, por lo cual se sobresaltó. Zong Jinghao se despertó tan rápido que Lin Xinyan ni siquiera le dio tiempo de evitarlo.
De inmediato, se apartó de él y salió corriendo de la habitación tan rápido como pudo, se desgarró la herida en la rodilla por moverse con tal rapidez, pero no tenía tiempo para eso. Enseguida corrió a una habitación y se encerró. Se recargó en la puerta, pero no pudo recomponerse hasta después de un rato.
Todas las señales apuntaban a que Zong Jinghao había sido el hombre de aquella noche; sin embargo, aún quedaba la posibilidad de que todo fuera una mera coincidencia. «Debe ser eso. Seguro solo era una coincidencia. No, no es real.»
Se fue calmando poco a poco; después, se cambió de ropa en el baño y, de nuevo, se vendó la herida de la rodilla.
En el piso de arriba, la mente de Zong Jinghao estuvo divagando durante algunos segundos. «La expresión de esa mujer… ¿Estaba llorando? ¿Por qué lloró? ¿Por qué corrió?» Luego, se sentó y se presionó la frente, pues a pesar de que estaba drogado, sabía que no le había hecho nada, pero, ¿por qué parecía como que sí?
Puso la cara larga cuando pensó en lo que había pasado el día anterior. Entonces, tomó el teléfono que estaba en el escritorio y le llamó a Guan Jing para decirle:
—¡No quiero a ver a ninguno de los Lin nunca jamás!
—Entendido.
Como ocurrió en la casa de los Lin, Guan Jing pudo comprender que la orden que le había dado Zong Jinghao no era una coincidencia, sino una certeza. Después de colgar, aventó el teléfono y la colcha. Solo en ese momento se dio cuenta de que lo único que traía puesto era ropa interior, cerró sus ojos para recordar la noche anterior y apenas podía recordar a esa mujer quitándole la ropa. Zong Jinghao siempre pensó en ella como un misterio con muchas capas.
La señora Yu tocó a la puerta y dijo:
—¿Ya está despierto, señor? El desayuno está listo.
La respuesta de Zong Jinghao fue «sí», así que se levantó a bañar, se cambió de ropa y bajó a desayunar. Lin Xinyan ya estaba en el comedor. Se había cambiado de ropa y lucía tranquila, como si no hubiera pasado nada antes y como si todo lo que él vio hubiera sido una ilusión. Cuando se dirigía al comedor con sus sandalias, empezó a caminar más lento.
Lin Xinyan le sirvió un tazón de pudín simple enfrente de él y le dijo:
—Comer alimentos blandos por la mañana es bueno para tu hígado.
Zong Jinghao se sentó y le mostró respeto al comer el pudín. En efecto, estaba simple y, prácticamente, desabrido.
—Anoche, fui muy descuidada —dijo Lin Xinyan bajando la cabeza—. Nunca pensé que Shen Xiuqing haría tal cosa.
Zong Jinghao la miró y se rio, quedando al descubierto sus blancos dientes.
—He visto a muchos malditos sinvergüenzas —dijo—, pero era muy raro ver a personas tan desvergonzadas como los Lin.
Con sus palabras, había reprendido a todos los que se apellidaban Lin, por lo cual Lin Xinyan se sintió abatida, pues tenía el mismo apellido.
—Me… Me gustaría pedir un permiso —dijo ella, mirándolo.
Tenía que ir al hospital, ya que no había podido visitar a su madre. También, tenía que cobrar el cheque y depositarlo en el banco. Para ella, el dinero era crucial, pues su madre lo necesitaría de manera regular. Además, tenía que pagarle a He Ruize por el dinero que le prestó para los gastos médicos.
—¿Tienes algo que hacer? —preguntó con frialdad Zong Jinghao mientras comía el pudín, aún sin mirarla.
—Tengo que visitar a mi mamá —dijo ella asintiendo.
—Mmm —respondió él con suavidad, lo cual indicaba que le daba permiso de faltar.
Después de desayunar, Zong Jinghao se fue a la empresa como de costumbre, mientras que Lin Xinyan se quedó a ayudar a la señora Yu a limpiar la mesa. Después, dijo la señora Yu con los platos en las manos:
—Yo me encargo. Solo vete y descansa.
«¿Qué? ¿Tomar un descanso en la mañana?»
—Está casada con el señor Zong Jinghao y su familia —dijo la señora Yu con seriedad, mirándola—. Ayer… Como eres la verdadera señora de la casa, no dejes que ninguna amante pruebe suerte.
Lin Xinyan se sonrojó. «¿En qué está pensando la señora Yu?»
Estuvo toda la noche en la misma habitación con Zong Jinghao y, aun así, no pasó nada. De todas formas, la señora Yu no lo creerá. Entonces, Lin Xinyan no tuvo de otra más que asentir; ella la seguía apoyando, a pesar de que no estaba satisfecha con su
comportamiento anterior.
—Como yo lo veo, el señor podría no necesariamente amar a la
señorita Bai.
—¿Cómo sabe que Zong Jinghao sería así? —dijo Lin Xinyan con el
ceño fruncido.
—La señorita Bai ya estaba con el señor desde hace bastante tiempo
y él no se enamoró de ella; sin embargo, hace dos meses, después
de regresar del extranjero, de pronto reconoció su posición. Sigo sin
entender por qué de se enamoró de ella tan de repente. —Hasta el
día de hoy, la señora Yu seguía sin descubrirlo.
Lin Xinyan, por su parte, estaba sorprendida. «¿Hace dos meses?»
Se tranquilizó y preguntó, como si no hubiera escuchado nada:
—Zong Jinghao no se enamoró de Bai Zhuwei en el pasado. Sin
embargo, hace dos meses, cuando regresó del extranjero, ¿de pronto
la reconoció como su novia?
—Así es—asintió la señora Yu en respuesta—. Yo creo que algo
pasó y eso lo hizo reconocerla porque el señor no es un cabeza
hueca.
Lin Xinyan se quedó inmersa en sus pensamientos, pues reflexionaba
sobre el hecho de que Bai Zhuwei parecía ser hostil con ella, pero
¿era solo por el hecho de que Lin Xinyan estaba casada con él o hay
mucho más de lo que parece a simple vista? No pudo averiguarlo por
el momento, así que se fue a visitar a su mamá al hospital.
No obstante, antes de llegar allí, pasó a cobrar el cheque, retiró el
dinero que necesitaba y depositó el resto. Después, fue al hospital,
pagó los gastos médicos y por fin pudo encontrarse con Zhuang Zijin
gracias a una enfermera que se encargó de organizar el encuentro.
Zhuang Zijin estaba encerrada en una habitación pequeña que no
tenía nada a excepción de una cama, una mesa y una taza de
plástico, la cual tenía agua hasta la mitad. Un paciente con trastornos
de salud mental no es consciente de las autolesiones. Por ello, una
enfermera la revisó antes de entrar a la habitación para asegurarse
de que no llevara ningún objeto que pudiera infligir una lesión.
La señora, quien llevaba una bata azul, se acurrucó a un lado de la
cama y murmuró algo para sí misma. Lin Xinyan no pudo entender lo
que había dicho. Zhuang Zijin alzó la vista una vez que se abrió la
puerta y entonces entró a la habitación. Estuvo en trance durante un
rato, pero después abrió la boca y dijo:
—Yan.
En cuanto escuchó esa palabra, la nariz de Xinyan se puso roja y sus
ojos se hincharon. Después, se abalanzó sobre ella, la abrazó con
fuerza y le dijo:
—Mamá.
Zhuang Zijin le acarició el cabello con suavidad.
—¿Por qué viniste sola? —le preguntó—. ¿Por qué no trajiste a Xinqi
a visitarme? Tiene años que no lo veo.

SIGUIENTE

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