Enfermo de amor de Steffi Hernández 039

Enfermo de amor novela Capítulo 39 No soy una mala persona_Las mejores novelas Romance | Miniread
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—Tu hermano está muerto. —En sus oídos sonaban las palabras dichas por la despiadada voz del médico.
Las lágrimas corrían por su rostro.
—Mi hermano sigue en la escuela—le contestó abrazándola con fuerza—. Lo traeré la próxima vez.
Zhuang Zijin asintió desconcertada y siguió indagando. Lin Xinyan se limpió las lágrimas y le preguntó con una sonrisa:
—¿Qué te gustaría comer, mamá? Te compraré lo que quieras.
Sin embargo, Zhuang Zijin no dijo nada y se limitó a abrazar sus piernas con fuerza en señal de inseguridad. Mientras Lin Xinyan le hablaba, ella miraba impasible a la nada. Sus ojos se veían apagados y no estaban enfocando a ningún punto en específico.
—Mamá.—La agarró del hombro, la sacudió y le dijo—: Háblame, mírame. Soy Yan, tu hija.
La acababa de reconocer e incluso la había llamado por su nombre. No podía aceptar que estuviera tan desorientada y que pudiera recordar algo en ese momento, pero olvidarlo al siguiente segundo.
—¡No hagas eso, por favor!
La enfermera que estaba afuera vigilando la puerta escuchó que Lin Xinyan se puso sentimental, entonces entró a la habitación para detenerla; ella miró a la enfermera y le preguntó:
—¿Está empeorando la enfermedad de mi mamá?
—Es un estado normal en pacientes con trastorno mental. —La enfermera revisó el tiempo y dijo—: Ya casi se acaba tu hora de visita. No te pongas sentimental enfrente de la paciente o podías alterarla.
—Entiendo —dijo Lin Xinyan, asintiendo.
Lin Xinyan, inmersa en los recuerdos, compartió con Zhuang Zijin sus historias pasadas y solo cuando la enfermera la informó que el tiempo se había acabado, se recompuso, miró a su mamá y, muy a su pesar, tuvo que despedirse:
—Mamá, vendré a visitarte de nuevo en unos días.
—Yan.
De pronto, Zhuang Zijin dijo algo cuando Lin Xinyan llegó a la puerta. Se dio la vuelta y notó que su mamá ni siquiera la estaba viendo sino que estaba mirando al vacío a la vez que decía para sí misma:
—Mi hija Yan está embarazada. ¿Qué debe hacer si su hijo no tiene padre? —Lloró mientras hablaba.
Al ver esto, el corazón de Lin Xinyan quedó destrozado. Sin embargo, se dio la vuelta y se fue, debido a que tenía miedo de no poder contener sus emociones. Después, se sentó sola en una banca del pasillo.
—Yan.
Lin Xinyan se levantó al ver a He Ruize se acercándose a ella con una bata de laboratorio. Cuando estuvo frente a ella, le dio palmaditas en el hombro, le indicó que se sentara y dijo:
—Tengo algo que decirte. —Lin Xinyan se sentó de nuevo en la banca, esta vez con He Ruize a su lado, quien dijo—: ¿La viste?
—Sí —respondió Lin Xinyan, juntando sus manos sudadas.
—Debes estar mentalmente preparada, pues puede que no se recupere del todo. —He Ruize dejó escapar un suspiro y continuó—: Las repercusiones serán graves por el trauma que sufrió. Experimentará amnesia selectiva cuando olvide algunos recuerdos dolorosos y se desoriente.
—Me preguntó que por qué no había traído a Xinqi a visitarla. Se le olvidó que está muerto —dijo Lin Xinyan mientras se mordía los labios.
He Ruize la abrazó, frotó su hombro, y le dijo:
—No llores, aquí me tienes y no tienes nada de qué preocuparte. Aquí voy a cuidar muy bien de tu mamá.
—Gracias —dijo Lin Xinyan al mismo tiempo que bajaba la cabeza.
—No hay nada que agradecer. —He Ruize cerró los ojos con fuerza por un momento y, por fin, dijo lo que pensaba después de haberlo considerado muchas veces—: Yan, ¿puedo cuidar de ti una vez que haya expirado el acuerdo entre tú y Zong Jinghao?
Lin Xinyan miró sorprendida a He Ruize.
—Ruize… —dijo.
—Sé que aceptarme en este momento puede resultar complicado para ti, pero nos conocemos desde hace mucho tiempo. No es una mala persona la que busca cuidarte. Si no te preocupas por ti, piensa en el bebé. Necesita crecer en un hogar y yo puedo dárselo.
Sería una estúpida si no entendiera lo que He Ruize dijo sin rodeos. Para ella, He Ruize era como un miembro de su familia.
—No te preocupes, lo trataré como si fuera mi propio hijo. —He Ruize serio en particular.
Lin Xinyan estaba perpleja y no sabía qué responder hasta que, al fin, dijo:
—Ruize, nunca había pensado en…
—Tómate tu tiempo. Por ahora, no me des un «no» como respuesta. —La miró y le dijo—: ¿Has pensado qué le dirás al niño cuando crezca y pregunte quién es su padre? Soy psiquiatra y sé muy bien que cuando un niño crece en una familia monoparental, sufrirá de trastornos de personalidad. Solo te pido que lo pienses
detenidamente por tu hijo.
Esta vez, He Ruize era sincero y diferente de su típica actitud relajada. Sabía que era difícil que Zhuang Zijin mejorara. Además, era pobre y su vida sería aún más difícil una vez que el bebé naciera. Así que, de verdad deseaba poder cuidar de ella.
Lin Xinyan bajó la cabeza y pensó que parte de lo que He Ruize había dicho era cierto, pues el niño necesita una familia completa para crecer de manera saludable, pero no era algo que podía aceptar así de fácil. Él no era el padre del niño. Además, no venía de una familia promedio.
—Yan…
—Ruize.—Lo interrumpió con rapidez. Después, sacó dinero de su bolso, se lo entregó y él dijo—: Te devuelvo el dinero que pagaste antes por los gastos médicos.
Se suponía que iba a comunicarse con él después de haber visitado a su mamá, pero nunca pensó que se encontrarían por casualidad, y mucho menos que diría algo que nunca hubiera esperado escuchar.
El rostro de He Ruize se ensombreció cuando vio el dinero.
—¿Él te dio el dinero?
Lin Xinyan sacudió la cabeza y contestó:
—No, me lo dio Lin Guoan. —No le contó los detalles.
He Ruize no le creyó. ¿Por qué ese hombre sin corazón le daría dinero?
—Yan…
—Tengo que ir a la oficina, Ruize. —Lin Xinyan se puso de pie, metió el dinero en los brazos de He Ruize, y le dijo—: Te debía este dinero, así que tengo que pagarte.
Se fue de prisa, apenas terminó de hablar. He Ruize no hizo el intento por alcanzarla, pues sabía que tenía que darle más tiempo para digerir todo. Sabía que sería difícil para ella aceptar en ese momento.
Era casi mediodía cuando Lin Xinyan llegó a la compañía. De pronto, alguien la detuvo cuando se dirigía a su asiento. Era Wu Meixia, la mejor amiga de Qiu Yi. Sabía que habían despedido a Qiu Yi por culpa de Lin Xinyan y, aunque fue la culpa de Yi, no la habría incriminado sin motivo. Para empezar, debió haber hecho algo malo.
—Llegas tarde, ¿verdad? —dijo Wu Meixia mientras la miraba.
—Pedí permiso para faltar —dijo Lin Xinyan con frialdad.
Sabía que ninguno en la oficina era amigable con ella, ya que era nueva en la compañía. Sin embargo, eso no le preocupaba. Cuando estaba a punto de pasar junto a ella, Wu Meixia la agarró del brazo y le dijo:
—¡Estás mintiendo!
Bai Zhuwei ya le había dicho que Lin Xinyan nunca le pidió permiso de faltar.
—Por supuesto que pedí permiso. ¿Podrías soltarme?
—¡No, es obvio que estás mintiendo! ¿En serio crees que puedes hacer lo que tú quieras solo porque el señor Zong te apoyó una vez?
No pensaron a fondo en el incidente que ocurrió antes y simplemente creyeron que Zong Jinghao la había ayudado de manera impulsiva. Entonces, Lin Xinyan dijo con un tono de voz aún más frío:
—Suéltame, por favor. Si no me crees, puedes confirmar mis palabras con el señor Zong.
Lin Xinyan no quería tener enemigos, lo único que esperaba era poder hacer su trabajo en paz. Entonces, ¿por qué todos querían hacerla pasar un mal rato?
—Hay una reunión con el director general de HSBC a las 2 p.m. y el banquete será a las 8 p.m.
Zong Jinghao caminaba firme con una mano en la bolsa de su pantalón mientras escuchaba a Bai Zhuwei, detrás de él, informarle sobre su agenda.
—Dile a Guan Jing que asista a la cena en mi representación—dijo sin prisa.
—Me temo que sería inapropiado si decide no ir, pues este banquete es para celebrar el centenario de Dingfeng.
Dingfeng era una compañía que se había establecido desde el siglo pasado, la cual comenzó con el negocio de la joyería. Tenía una historia que abarcaba cien años.
—Señor Zong. Secretaria Bai. —Wu Meixia arrastró a Lin Xinyan hacia ellos, como si al fin hubiera encontrado testigos—. ¿Le pidió permiso para faltar, señorita Bai?
Bai Zhuwei miró a Zong Jinghao y le contestó mientras movía la cabeza:
—No, ¿qué sucede?
—Llegó tarde e, incluso, dijo que pidió permiso —dijo Wu Meixia con una voz muy aguda—. ¿Entonces ahora los nuevos no tendrán que seguir las reglas de la compañía?

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