Enfermo de amor de Steffi Hernández 040

Enfermo de amor novela Capítulo 40 Serás mi acompañante _Las mejores novelas Romance | Miniread
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—¿Hay que descontarle el sueldo, señorita Bai? —dijo Wu Meixia de manera provocadora.
—De acuerdo con las normas de nuestra compañía, sí —respondió de manera profesional.
—No era mi intención hacer una escena de este asunto banal, pero seguía insistiendo en que había pedido permiso aun cuando era obvio que había llegado tarde. El carácter de aquellos que mienten debe ser…
—Pidió permiso.
De pronto, una profunda voz la interrumpió cuando estaba insultando el carácter de Lin Xinyan de manera eufórica. Wu Meixia se sorprendió, pero pensó que había escuchado mal. ¿Acaso le molestaría al señor Zong un asunto banal como este? Imposible.
—Una persona que llega tarde y miente para justificarse, le hace falta carácter y, por lo tanto, no debería seguir en nuestra compañía.
—Pidió permiso y yo se lo di. ¿Quieres que te lo repita? —dijo Zong Jinghao con lentitud y haciendo énfasis, como si estuviera preguntándole a esa persona de forma prepotente.
Esta vez, Wu Meixia lo escuchó fuerte y claro. Puede que la primera vez haya sido una alucinación, pero sin duda la segunda vez ya no lo era. Para ella, era totalmente inconcebible, pues era la señorita Bai quien debía tratar este asunto. El jefe no tenía que ocuparse de él. ¿Quién era esta mujer para el señor Zong? Era la segunda vez que la apoyaba.
—Muy bien, entonces ocúpate de tu trabajo. —Bai Zhuwei fingió indiferencia, pero estaba bastante ansiosa.
Cuando Lin Xinyan miró por accidente a Bai Zhuwei (quien fingía estar calmada), un pensamiento cruzó por su mente. Quería probar lo que la señora Yu había dicho con anterioridad: que Zong en realidad no la amaba, sino que fingía hacerlo por algunas razones. Dichas razones estaban relacionadas con el viaje al país A.
En un principio, quería pensar que había sido una simple coincidencia, pero la conmovieron mucho las palabras que le habían dicho hoy Zhuang Zijin y He Ruize. Su hijo necesitaba un padre.
Bai Zhuwei entró a la oficina junto con Zong Jinghao y, después de informarle todo lo que tenía programado, le entregó su itinerario. Después, con el objetivo de tantearlo, le preguntó de manera tímida:
—¿Lo acompañará la señorita Lin al banquete?
Zong Jinghao parecía estar cansado. Cerró los ojos y permaneció en silencio durante unos segundos antes de responder:
—Tú irás conmigo.
Bai Zhuwei dejó escapar un suspiro de alivio y dijo:
—Volveré al trabajo.
Una vez que cerró la puerta, Bai Zhuwei se dio la vuelta, pero se detuvo cuando vio a Lin Xinyan detrás de ella.
—Tengo algo que preguntarte, señorita Bai. ¿Podemos hablar? — preguntó Lin Xinyan.
Bai Zhuwei no esperaba que ella la buscara por voluntad propia y, como también tenía curiosidad por escuchar lo que tenía que decir, respondió:
—Por supuesto. Vamos al café de abajo.
Tomaron el ascensor para ir al café que estaba en la planta baja. Después, se sentaron en un lugar donde no había ruido. Sin embargo, ninguna de las dos abrió la boca durante un rato hasta que les sirvieron el café. Entonces, Lin Xinyan dijo al fin:
—Señorita Bai, siento que es muy agresiva conmigo.
—Hao y yo somos la pareja perfecta; sin embargo, estamos separados a la fuerza. Si la señorita Lin estuviera en mi lugar, ¿qué haría? —replicó Bai Zhuwei.
Lin Xinyan tomó la cuchara y mezcló el café de su taza, pero ni siquiera le dio un sorbo.
—Bueno, el señor Zong y yo solo estamos cumpliendo con nuestro compromiso matrimonial, el cual no durará mucho. Sin embargo, parece que la señorita Bai está muy impaciente y me tiene mucho miedo. —Levantó la mirada hacia ella con lentitud.
—¿Cómo? —Bai Zhuwei sonrió y le dio un sorbo a su café.
—Ambas sabemos muy bien que difundiste la noticia en mi vecindario de que estaba embarazada, sobornaste a alguien para que me calumniara y provocaste a mi madre. Estoy segura de que la señorita Bai sabe muy bien la razón detrás de todo esto.
Puede que Bai Zhuwei fuera buena fingiendo, pero Lin Xinyan lo disimuló aún mejor, como si lo hubiera entendido todo.
—No estoy muy segura de lo que quiso decir la señorita Lin. Hice todo eso solo porque me molestó el hecho de que estuvieras casada con Hao. No me importa si la señora Lin quiere quejarse de esto, pues Hao entenderá que solo soy una mujer enamorada. Además, es comprensible si crucé un poco la línea, ya que otra persona se apoderó de mi estatus. —Sonrió un poco, miró a Lin Xinyan y dijo—: Más bien parece que la señorita Lin viene a mí porque estás perdiendo la paciencia.
Lin Xinyan sonrió con ligereza, pero no dijo ni una palabra. Su indescifrable expresión tenía muy aterrada a Bai Zhuwei, quien dijo con frialdad:
—¿De qué te ríes?
—Escuché algo interesante —contestó Lin Xinyan—. ¿Le gustaría saber a la señorita Bai de qué se trata?
—¿De qué hablas?—preguntó Bai Zhuwei.
—Escuché que la señorita Bai ha estado mucho tiempo con el señor Zong, pero nunca se había enamorado de ella. Lo sorprendente es que, de pronto, la reconoció como su novia porque…
Lin Xinyan se detuvo a propósito para observar su expresión, la cual sí cambio y, aunque se esforzaba por contener sus sentimientos, aun así pudo percibir algo diferente.
—¿Por qué? —Bai Zhuwei ya no estaba tan tranquila como antes.
—Fue solo un rumor. Así que, la señorita Bai no tiene que preocuparse por ello.
Lin Xinyan reveló a propósito solo una parte, pues no quería que Bai Zhuwei supiera cuánto conocía al respecto.
—Hao y yo nos amamos de verdad y es obvio que habrá quién difunda rumores porque no quieren que pase o están celosos. No puedo hacer nada al respecto, si la señorita Lin quiere creer que los rumores son ciertos.—Después de que terminó de hablar, Bai Zhuwei se levantó y agregó—: Solo te queda medio mes y, con el tiempo, lo que me pertenece será mío.
Entonces miró a Lin Xinyan, se dio la vuelta y se fue.
—¿Cómo sabía la señorita Bai que tengo dos meses de embarazo? —dijo Lin Xinyan al ponerse de pie.
—Como dije, fue solo una suposición —contestó Bai Zhuwei.
—Todavía no se me nota el embarazo, por lo que es imposible saber cuánto tengo de embarazo —le dijo acercándose—. Sin embargo, la señorita Bai pudo acertar de manera fácil. Ni siquiera una mujer que tiene experiencia en el tema del embarazo, tendría tan buen ojo como la señorita Bai, ¿no es así?
—Puede que solo sea una coincidencia. Resulta que acerté. ¡Las maravillas nunca acaban! Puede que yo tenga ese poder por casualidad. —Al terminar de hablar, Bai Zhuwei caminó hacia el elevador.
Los ojos de ambas se encontraron a través de la apertura que queda cuando las puertas del elevador se cierran con lentitud. A pesar de que Lin Xinyan no reveló nada durante la conversación, Bai Zhuwei sabía que se había dado cuenta de algo o no habría tratado de tantearla. Sin embargo, ella no tenía idea de lo mucho que sabía ni hasta qué punto.
La energía de Lin Xinyan se agotó en cuanto se cerró la puerta del elevador. La verdad era que tal vez tenía razón, pero no podía tener los detalles. Si en verdad fue Zong Jinghao, ¿por qué la mujer que lo recomendó le pagaría el dinero a ella? ¿Por qué Zong Jinghao…? ¿Acaso solo quería saciar su deseo? No podía entenderlo. Todo el problema era como un misterio con conspiraciones ocultas y no sabía por dónde empezar a indagar sobre el asunto.
Después del trabajo, se fue a casa como de costumbre.
—¿Llegaste sola? —dijo la señora Yu, mirando detrás de Lin Xinyan para ver si había alguien más.
Lin Xinyan asintió. Se sentía decaída, pues vio cómo Bai Zhuwei, quien iba bien vestida, se subía al auto de Zong Jinghao después del trabajo. Estaba dudosa. Tal vez Zong Jinghao de verdad la amaba, solo que no se dieron cuenta de ello en el pasado. Estaba confundida.
—¿Por qué tú y el señor no regresaron a casa juntos? Comunícate más y verás cómo pronto los dos se llevarán mejor.
—Salió con la señorita Bai —dijo enojada. Desde que hizo esa suposición, la impresión que tenía sobre Zong Jinghao cambió.
—Tienes que esforzarte más—dijo la señora Yu en un suspiro.
Lin Xinyan sonrió y, como no quería continuar con esa conversación, dijo a propósito:
—Estoy cansada. Quiero tomar una siesta.
Para la señora Yu fue evidente que estaba de mal humor; entonces le contestó:
—Descansa. Te informaré cuando la cena esté lista.
Lin Xinyan respondió con un «sí» y entró a la casa. Cansada, se acostó en la cama y poco a poco cerró los ojos para tomar una siesta. Sin embargo, sonó su celular cuando ya se estaba quedando dormida. Buscó a tientas su celular y contestó la llamada.
—Yan, ¿puedes hacerme un favor?
Esa voz… Lin Xinyan se despertó de golpe. Se sentó en la cama y dijo:
—Dime.
—Tengo que ir a un banquete y tú serás mi acompañante.
Lin Xinyan contestó, después de permanecer en silencio por un rato:
—Está bien.
—Envíame tu ubicación y pasaré por ti.

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