Enfermo de amor de Steffi Hernández 042

Capítulo 42 No te aceptará solo por el bebé_Las mejores novelas Romance | Miniread
13-17 minutes
En esos eventos, las personas no hablaban de otra cosa que no fueran asuntos de negocios. He Ruize también hacía de tripas el corazón mientras socializaba. Lin Xinyan se dio cuenta de que a él no le gustaban este tipo de ocasiones, por lo que lo jaló del brazo y le susurró:
—Quiero salir a tomar aire fresco.
He Ruize la tomó de la mano y le dijo:
—Te llevaré a la habitación de atrás.
En su camino a la habitación, poco a poco fueron desapareciendo las luces, el ruido, las conversaciones y los halagos. Atravesaron el pasillo y llegaron a la habitación trasera, la cual era espaciosa, luminosa y mucho más silenciosa que el vestíbulo, por lo que a veces había personas de pie hablando frente a la ventana.
—No te gusta escuchar esas conversaciones, ¿verdad? —He Ruize esbozó una sonrisa—. A mí tampoco.
Sin embargo, solo fue porque Xia Zhenyu lo obligó y no le quedó de otra. No le gustaba socializar, pues solo se trataba de personas conspirando unas contra otras y haciendo todo lo posible para ganar dinero. Puede que no le gustara debido a su origen familiar, pues nació en una familia rica y no necesitaba preocuparse por dinero.
—Lo sabía. Entonces, ¿quieres agradecerme por haberte sacado de ahí?
—¿Cómo quieres que te lo agradezca?—Se inclinó hacia ella.
Lin Xinyan pudo oler de forma clara cómo su cuerpo exhalaba masculinidad, el cual permanecía en el aire que la rodeaba. No pudo evitar tratar de alejarse, pero He Ruize la tomó de la cintura.
—Pensaba que seguías estando pequeña, pero creciste sin darme cuenta.
Antes le prestaba atención, pero no tenía otros pensamientos. Así que no sabía desde cuándo empezó a tener sentimientos por ella.
Lin Xinyan sentía que He Ruize no era el mimo que conocía. Antes era una persona cariñosa, quien siempre traía una amable sonrisa en su rostro. Además, la cuidaba y se ocupaba de ella como si fuera su hermano mayor. Sin embargo, ya no era el mismo. Ahora siempre «coqueteaba» con ella.
—Cambiaste. —Lin Xinyan giró la cabeza y apretó las manos mostrando inquietud.
—Ya eres una adulta, así que es obvio que no puedo seguirte tratando como a una niña, ¿no crees? —Esbozó una tenue sonrisa.
Lin Xinyan lo empujó:
—Pero soy tu hermana.
El comentario lo tomó por sorpresa y lo hizo dar un paso atrás, pero después de volver en sí, la miró y le dijo:
—No eres mi hermana biológica.
Lin Xinyan caminó hacia la ventana y miró las estrellas que había en el cielo.
—Quiero tratarte como mi hermano.
He Ruize le respondió la mirada. «¿Me acaba de rechazar?»
—Puede que sepa quién es el padre del bebé que llevo en mi vientre —dijo en un tono bajo, como para sí misma y He Ruize.
He Ruize cambió su mirada a una seria y dijo:
—¿Quién es?
—Hay muchas cosas que sigo sin comprender; así que, no estoy segura. —Lin Xinyan tomó una bocanada de aire y se giró para voltear a verlo—. Me siento confundida y perdida. No lo sé. —Lin Xinyan no podía describir lo que sentía.
—¿De quién sospechas? —He Ruize frunció el ceño—. ¿Crees que podría ser de un chino? —Se molestó cuando pensó en lo que había ocurrido aquella noche—. ¿Por qué no acudiste a mí en ese momento?
—Sí lo hice, pero no te encontré. —Bajó la cabeza.
Lin Xinyan no quería deberles favores a otros, pero lo hizo pues se trataba de la seguridad de su madre y de su hermanito. Fue a buscarlo, pero fue inútil. Después de eso, la mujer la encontró y para ese momento, Lin Xinyan estaba desesperada y necesitaba el dinero para salvar a su madre y a su hermano.
He Ruize recordó con cuidado lo que pasó esa noche. Fue el día en que desapareció He Ruilin, así que estaba de mal humor y había bebido mucho vino. Tal vez se quedó dormido, por lo que no escuchó cuando tocó a la puerta. Siempre había pensado que ella no había ido a buscarlo en absoluto. En ese momento, se le cayó el alma.
—Lo siento.
«Tal vez todo sería diferente ahora, si no me hubiera emborrachado y hubiera escuchado la puerta.»
No tenía que cargar con el estigma de estar embarazada sin estar casada, pues él pudo encargarse de ella de manera legítima. Sin embargo, todo esto había cambiado debido a su embriaguez.
—No me debes nada, así que si te disculpas solo me harás sentir avergonzada—dijo Lin Xinyan en un tono de autodesprecio.
Fue su propia decisión, y también su destino.
—Ya me quiero ir.
—Te enviaré a casa.
He Ruize caminó hacia ella, la tomó de la mano con fuerza.
—A partir de ahora, siempre estaré disponible para ti y, sin lugar a dudas, cuidaré bien de ti.
Lin Xinyan no se movió ni se separó. En ese momento comprendió que sus sentimientos hacia ella no eran amorosos, sino que provenían del cariño que le tenía como su hermana. Solo que él no lo sabía con claridad.
Salieron por la puerta trasera. Las luces neones que se encontraban afuera del edificio aún brillaban con fuerza bajo las tenues luces de las calles, lo que hacía que el cielo se viera tan brillante como si fuese de día. He Ruize abrió la puerta del auto y Lin Xinyan se agachó para entrar. Ninguno de los se habló durante todo el camino, pues cada uno cargaba con un peso en su conciencia. Ella no quería que la llevara hasta la villa, así que le pidió que parara en la esquina.
—Aquí me bajo. —Se desabrochó el cinturón de seguridad y abrió la puerta del auto.
—Yan. —He Ruize la detuvo.
—Dime. —Lin Xinyan se agachó a verlo estando junto a la ventanilla del auto.
He Ruize hizo una pausa.
—¿De quién sospechas? —dijo él.
Lin Xinyan miró hacia abajo, pues no tenía pruebas certeras y era solo una especulación suya.
—No estoy segura.
He Ruize frunció los labios y no dijo nada por un momento.
—Yo te ayudaré. —Hizo una pausa—. Pero dime primero de quién sospechas.
Sintió cómo se contradecía él mismo, ya que odiaba la idea de saber de quién se trataba, pero también quería saberlo. Por otro lado, Lin Xinyan lo pensó un momento, pero no podía descubrir ella sola las verdades ocultas.
—Zong Jinghao —dijo.
El ambiente se puso tenso de repente en cuanto terminó de hablar. He Ruize se quedó atónito durante un largo tiempo, ya que no esperaba para nada que ella sospechara de Zong Jinghao. «¿Cómo es posible? ¿Será posible que inventó una excusa a propósito para rechazarme?»
—Conoces el lugar donde vivo en el país A. Una mujer llamada Mei Lan fue la que me presentó. Si la encontramos, puede que sepamos qué pasó esa noche…
—¿Por qué quieres encontrar a ese hombre? —La interrumpió.
En un principio, Lin Xinyan no planeaba buscar al padre de su hijo, pero encontró sin querer algunas pistas que implicaban a Zong Jinghao.
—¿Qué no dijiste que los niños que crecen en una familia monoparental tendrán trastornos de personalidad…?
—Dije que podía cuidar de ti y de tu hijo. —La interrumpió de nuevo.
Lin Xinyan lo miró y frunció los labios.
—Pero tú no eres el padre biológico de mi hijo.
Lo dijo a propósito, pues para ella era imposible que estuvieran juntos. Por un lado, quería dejarle claro que no podía estar con él; pero, por otro, en serio quería saber la verdad. Sabía que tampoco podía estar con Zong Jinghao, así que lo único que quería era saber quién era el padre de su hijo, además de saber lo que había pasado aquella vez. De esta forma, cuando el niño naciera, podría hablarle sobre su padre. Tal vez se trataba de algún tipo de compensación.
—Será mejor que no te moleste, Ruize. Ya es tarde, deberías volver y descansar temprano.—Enderezó su cuerpo y sonrió—. Conduce con cuidado. Me voy a casa.
Después se dio la vuelta y caminó por todo el camino que iba hacia la villa. Sin embargo, He Ruize la detuvo después de haber dado unos cuantos pasos.
—Lo haré porque te lo prometí, pero espero que te alejes de él cuando llegue el momento. No se entienden como pareja y no te amará ni te aceptará solo por el bebé.
Lin Xinyan se detuvo, pero después siguió caminando. «Lo sé y no tengo ningún pensamiento impropio. Lo único que quiero es saber la verdad.» Cuando iba caminando por el camino, una luz de la calle iluminó su esbelta figura y proyectó una larga sombra. No muy lejos de donde ella estaba, se encontraba un auto negro estacionado, en el cual estaba recargada una figura alta y recta. En su perfil se reflejaba la cálida luz amarilla entrelazada, la cual lo hacía ver más bello, menos rígido y, por lo tanto, más amable.
Lin Xinyan dejó de caminar cuando lo vio. Pensó que aún no había regresado, pero, sin esperárselo, llegó antes que ella. No estaba muy lejos de él y, aun así, no pudo mover las piernas. Se volteó para mirarla durante dos segundos y después dijo con un tono intrigante:
—Ven aquí.

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