Liberado de E.L. James 004

Martes, 28 de junio de 2011
Leila quiere hablar contigo —dice Flynn, y por cómo entorna los ojos sé que está esperando a ver mi reacción. Me parece que es una prueba, pero no estoy seguro.
—¿Para qué? —pregunto con cautela.
—Diría que para darte las gracias.
—¿Y debo hacerlo?
—¿Hablar con ella? —John se reclina en su silla—. No me parece buena idea.
—¿Qué tendría de malo?
—Christian, siente algo muy fuerte por ti. Ha volcado en ti todos los sentimientos que la unían a su difunto amante. Cree que está enamorada.
Noto un hormigueo en el cuero cabelludo y la angustia me encoge el corazón.
¡No! ¿Cómo va a estar enamorada de mí?
La sola idea es insoportable.
Ana será la única, siempre.
El sol, la luna, las estrellas… siguen saliendo y poniéndose con ella.
—Me parece que, por el bien de Leila, deberías dejar muy claros los límites si vas a relacionarte con ella —opina Flynn.
Y seguramente también por el mío.
—¿Podemos seguir haciendo que toda la comunicación entre Leila y yo pase por ti? Tiene mi dirección de e-mail, pero no la ha utilizado.
—Sospecho que eso es porque teme que no contestes.
—Y tiene razón. Jamás la perdonaré por amenazar a Ana a punta de pistola.
—Si te sirve de consuelo, está muy arrepentida.
Suelto un suspiro de exasperación; su arrepentimiento no me interesa. Quiero que se recupere y desaparezca.
—Pero ¿se encuentra bien? —pregunto.
—Sí. Bastante. La terapia artística está obrando maravillas. Me parece que quiere regresar a su ciudad y formarse en bellas artes.
—¿Ha encontrado ya una escuela?
—Así es.
—Si se mantiene alejada de Ana, y de mí, para el caso, financiaré sus estudios.
—Es muy generoso por tu parte. —Flynn frunce el ceño, de modo que sospecho que está a punto de poner alguna objeción.
—Puedo permitírmelo. Solo me alegro de que se esté curando —añado enseguida.
—Le darán el alta esta semana. Volverá con sus padres.
—¿En Connecticut?
Flynn asiente.
—Bien. —Estará en la otra punta del país.
—Le he recomendado un psiquiatra de New Haven, para que no tenga que desplazarse mucho. Estará bien cuidada. —Calla unos segundos y cambia de tema—. ¿Han parado las pesadillas?
—Por ahora sí.
—¿Y Elena?
—He evitado todo contacto con ella, pero ayer firmé los contratos. Ya está hecho. Ahora el grupo Esclava es suyo. —El nombre que Elena escogió para sus salones y el grupo siempre me ha hecho sonreír. Incluso ahora.
—¿Cómo te hace sentir eso?
—No me he parado a pensarlo, la verdad. —Tengo muchos otros quebraderos de cabeza—. Lo único que siento es alivio por que al fin se haya terminado.
Flynn me mira un instante y creo que va a continuar su interrogatorio por esa línea, pero toma otro rumbo.
—¿Y cómo te encuentras en general?
Me detengo a sopesar su pregunta, y lo cierto es que, dejando de lado el sabotaje de mi querido Charlie Tango y el hecho de que alguien quiere verme muerto, me siento… bien. Estoy preocupado, por supuesto, y me jode que Ana no se haya trasladado al Escala todavía, pero entiendo que desee pasar una noche más conmigo en su apartamento, y eso sucederá este fin de semana. Van a instalar las habitaciones del pánico en el ático, así que tenemos que dejarlo libre. Era un hotel, el Grace o el piso de Ana.
—Estoy bien.
—Eso ya lo veo. Y me sorprende. —Flynn parece pensativo.
—¿Por qué? ¿Cómo es eso? —pregunto.
—Es bueno ver que expresas tu preocupación, en lugar de volverla en tu contra.
Arrugo la frente.
—Me parece que las amenazas a mi vida vienen del exterior.
Él asiente.
—Sí, es cierto. Pero te sirve de distracción para no castigarte.
—No lo había pensado de esa forma.
—¿Has hablado con tu padre?
—No.
Flynn se mantiene impasible, sus labios se tensan ligeramente.
Suspiro.
—Ya lo haré cuando sea.
Mira el reloj.
—Se nos ha acabado el tiempo.

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