Liberado de E.L. James 006

Martes, 5 de julio de 2011
Sentado a mi escritorio mientras contemplo el Sound a lo lejos, no puedo evitar fijarme en el brillo reconfortante que emana de mi piel o de algún lugar enterrado en mi pecho. Podría ser una combinación del mar, el sol y el viento después de haber estado a bordo del Grace el fin de semana largo, o podría ser porque he pasado tres días seguidos con Anastasia, sin interrupciones. A pesar de todos los asuntos irritantes de los que he tenido que encargarme estas últimas semanas, nunca me había sentido tan relajado como a bordo de mi catamarán con ella. Ana es alimento para mi alma.
Anastasia está profundamente dormida. Los reflejos de la luz del alba entran por las portillas y rozan su pelo alborotado, que reluce, bruñido y hermoso. Sentado al borde de la cama, dejo una taza de té en la mesilla mientras el Grace se mece con suavidad en las aguas de Bowman Bay. Me inclino y le planto un beso lleno de ternura en la mejilla.
Despierta, dormilona. Me siento solo.
Ella gime, pero suaviza la expresión de su rostro. Le doy otro beso y abre los ojos parpadeando antes de regalarme una sonrisa arrebatadora que le ilumina la cara. Alza una mano y me acaricia la mejilla.
Buenos días, futuro marido.
Buenos días, futura esposa. Te he traído un té.
Ana suelta una suave risotada, creo que de incredulidad.
Qué hombre más estupendo dice. ¡Esto hay que anotarlo en la lista de primeras veces!
Me parece que sí.
Ya veo que estás muy ufano. Su sonrisa es un reflejo de la mía.
Lo estoy, señorita Steele. Preparo un té excelente.
Se sienta en la cama y me decepciona al tirar de la sábana para cubrir sus pechos desnudos. No puede dejar de sonreír.
Estoy impresionada. Es un procedimiento muy complicado…
En efecto, lo es replico. He tenido que hervir el agua y todo.
Y dejar caer la bolsita. Señor Grey, es usted muy competente.
Me río y entorno los ojos.
¿Estás menospreciando mis habilidades teteras?
Ahoga un grito de fingido horror y se aferra a un collar de perlas imaginario.
Jamás me atrevería a hacer algo así dice antes de alargar el brazo hacia la taza.
Ah, pensaba…
Los golpes con que llaman a la puerta de mi despacho me devuelven al presente. Andrea asoma la cabeza.
—Señor Grey, ha llegado su sastre.
—Ah, fantástico. Que pase.
Necesito un traje nuevo para la boda.
Marco lleva la cartera de acciones de la empresa además del departamento de adquisiciones y fusiones. Esta mañana está presentando ante el equipo sénior de Grey Enterprises Holdings las últimas adquisiciones de nuestro accionariado.
—Ahora poseemos el veinticinco por ciento de Blue Cee Tech, el treinta y cuatro por ciento de FifteenGenFour, y el sesenta y seis por ciento de Lincoln Timber.
He estado escuchando solo a medias, pero esa última información consigue captar mi atención por unos segundos. Se trata de un proyecto personal desde hace mucho, así que me siento satisfecho al saber que por fin contamos con una participación mayoritaria en Lincoln Timber a través de una de nuestras empresas fantasma. Linc debía de necesitar ese dinero de verdad. Qué interesante.
La venganza es un plato que…
Para, Grey. Concéntrate.
Marco pasa a su última lista de posibles adquisiciones. Hay dos empresas que está especialmente empeñado en conseguir. Está repasando los pros cuando mi cabeza vuelve de nuevo al fin de semana y a Ana.
Ana va al timón del Grace mientras nos deslizamos sobre el reluciente océano y pasamos junto a Admiralty Head, en Whidbey Island. Su melena ondea al viento y brilla bajo el sol. Tiene una sonrisa capaz de derretir hasta el corazón más gélido.
Ha fundido el mío.
Está preciosa. Relajada. Libre.
Mantenlo firme grito por encima del rumor del mar.
A sus órdenes, capitán. Señor, quiero decir. Ana se muerde el labio y sé que lo hace para jugar conmigo, como de costumbre.
Me ofrece un saludo marcial cuando la miro con fingido reproche, y entonces me doy la vuelta para seguir tensando la bolina, incapaz de ocultar mi sonrisa.
Marco menciona una empresa de energía solar a la que le está costando encontrar inversores.
Un apetecible aroma a beicon y masa frita me recibe con los brazos abiertos cuando bajo a la cocina. Mi chica está preparando tortitas. Va vestida con una camiseta y unos shorts vaqueros demasiado cortos, y se ha recogido el pelo en dos trenzas.
Buenos días. La envuelvo con los brazos, pegando su espalda a mi pecho, y le acaricio la nuca con los labios. Qué bien huele; a jabón, a calidez, a la dulce, dulce Ana.
Buenos días, señor Grey. Ladea la cabeza para dejarme llegar mejor a su cuello.
Esto me recuerda a otro día murmuro junto a su piel, y le tiro de una trenza.
Ana suelta una risita.
Parece que fuera en una vida diferente. Sin embargo, estas tortitas no son las de la desflorada por el futuro Amo. Estas son tortitas del Día de la Independencia. Feliz Cuatro de Julio.
No querría celebrarlo de ninguna manera que no fuera con tortitas. Le planto un beso justo bajo el lóbulo de la oreja. Bueno, sí, se me ocurre una forma. Vuelvo a tirarle con delicadeza de la trenza. Siempre sacas buena nota.
—Christian —dice Ros con brusquedad.
Siete pares de ojos, todos clavados en mí. Mierda. Me la quedo mirando sin saber qué decir, hago caso omiso de los demás y ladeo un poco la cabeza.
—¿Qué te parece? —Apenas se esfuerza por ocultar que está molesta, así que imagino que no es la primera vez que pregunta.
Confiesa, Grey.
—Lo siento, estaba a kilómetros de aquí.

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