Mi protector de Sophie Saint Rose 002

Capítulo 2

Sentada ante el fuego observaba como ellos terminaban de preparar las tiendas mientras Valeria se encargaba de preparar la cena. Miró al horizonte para contemplar la luna. La verdad es que el lugar era precioso pues estaban al borde de un acantilado y las vistas del anochecer eran impresionantes. Era una pena que no hubieran llegado antes con tanta discusión porque habían tardado una hora en comprar la comida.
—Que no es así —dijo Richie disfrutando de sus provocaciones.
Bill se incorporó con el mazo en la mano de manera bastante agresiva y Valeria se asustó por su mirada. —Mira, tío… Estás empezando a tocarme los huevos. ¡He montado mil tiendas antes!
Sandra con las instrucciones de la tienda nueva en la mano dijo —No, cielo. Ese clavo no va ahí. Este es más grande. —Volvió el papel mostrándoselo. —¿Ves?
Su novio se acercó y le arrebató las instrucciones de las manos. —¡No digas tonterías! —Al darse cuenta de que no tenía razón lo arrugó y lo tiró al fuego. —Estupideces, así aguanta igual.
Asombrada porque no daba su brazo a torcer le observó mientras seguía dando martillazos y cuando acabó tiró la maza a un lado. —Ya está. ¿Veis? No se cae. Ni un tornado la tiraría. Sandra tráeme una cerveza.
—¿Por qué no la coges tú? —preguntó Richie exasperado.
Bill tomó aire como si se estuviera intentando controlar y Sandra corrió hasta la nevera portátil y sacó una cerveza. —Aquí tienes, cielo. Buen trabajo.
Por lo bajo siseó mientras abría la lata —Esto me pasa por tus caprichos.
—Lo sé, lo siento.
—Mete los sacos.
Su amiga corrió hacia sus sacos y los metió en la tienda de campaña más grande que era la que acababa de montar. Richie se sentó al lado de Valeria. —Será capullo.
—Quiero irme. Ese tío empieza a ponerme los pelos de punta.
—Bah, es de los que solo se atreven con mujeres. —Abrió una bolsa de patatas fritas y empezó a comer. Bill se sentó ante ellos en una silla plegable y bebió de su cerveza sin quitarles ojo. Valeria se dio cuenta enseguida de que buscaba guerra.
Richie estiró el brazo. —¿Quieres patatas?
—¿Qué se siente al acostarse con un tío?
Ambos se tensaron y Valeria miró a su amigo que masticó las patatas que tenía en la boca más despacio. —Perdón, ¿qué has dicho?
Bill se adelantó apoyando los codos sobre las rodillas. —Es que siempre me ha intrigado eso de que un hombre se deje sobar por otro.
—Oye, ese no es tu problema. —Valeria se levantó furiosa. —¿Pero quién te crees que eres para hacer preguntas así?
Sandra salió de la tienda. —¿Qué pasa ahora?
—¡Este idiota que le ha preguntado a Richie qué se siente al estar con un hombre!
Asombrada miró a su novio y este sonrió antes de beber de su cerveza. —¿Bill?
—Solo era curiosidad, muñequita.
Sandra sonrió aliviada. —Es que es muy curioso.
—¡Es un idiota!
—¡Valeria!
—¿Qué? Ya estoy harta de su comportamiento. ¡Es un mal educado de primera!
—¿Mi novio? —preguntó ofendida como si le hubiera dado la sorpresa de su vida.
—¡Sí, tu novio! ¡Es un engreído y un machista de la peor clase! ¡Eso por no hablar de otras cosas que me revuelven las tripas solo de pensarlas!
—¿Si? —Sandra puso los brazos en jarras. —No te reprimas, por favor. ¡Dime qué te revuelve tanto las tripas!
—¡Te conozco muy bien! ¡Te ha obligado a hacer un trío y a saber qué otras cosas más! —respondió asombrada.
—Serás cerdo —Richie se levantó furioso.
—¡Era un secreto! —dijo Sandra horrorizada porque se supiera.
—Estás dejando que te manipule… —Escuchó un golpe y gritó horrorizada al ver que Richie caía al suelo.
—Mira que me estoy controlando —dijo Bill antes de pegarle a su amigo una patada en el estómago—. Pero llevas tocándome los huevos desde que salimos de Manhattan y te la estabas buscando.
—¡No le pegues! —Se interpuso entre los dos intentando apartarle para que no le volviera a pegar. Cuando Valeria le dio un empujón en el pecho, Bill la agarró por el cabello pegándole un tortazo mientras Sandra chillaba. Richie se lanzó golpeándole con la cabeza en su estómago y Bill trastrabilló hacia atrás.
—¡Dejadlo ya! —gritó Sandra antes de fulminarla con la mirada—. ¡Mira lo que has hecho!
Ella no le hizo ni caso girándose y vio que Bill paraba un golpe de Richie con el brazo antes de pegarle un puñetazo. Como a cámara lenta Richie perdió el pie y de repente cayó por el acantilado. El grito de su amigo le puso los pelos de punta paralizándole el corazón. —¡No, no! —Corrió hacia allí arrodillándose en el borde, pero estaba muy oscuro y solo pudo identificar contornos de matorrales. —¡Dios mío. Richie! ¡Richie! —gritó desesperada. Se giró hacia Bill que estaba blanco—. ¡Le has matado!
Sandra susurró —Dios mío, amor.
A su lado mirando hacia abajo se llevó la mano a la boca muy nervioso y Valeria corrió hacia su mochila sollozando. —Tenemos que llamar a emergencias. —Cuando consiguió encontrar el teléfono lo cogieron de su mano y pasmada vio como Sandra lo tiraba a un lado. —¿Qué haces? ¿Estás loca?
Su amiga angustiada la miró fijamente antes de que de repente su expresión cambiara convirtiéndose en una realmente aterradora. —No pienso dejar que me lo arrebates. ¡Acabaría en la cárcel! ¡Todo esto es culpa tuya! —le gritó a la cara.
—Sí, cielo. —Bill se puso a su lado y su mirada le puso los pelos de punta. —Yo lo había preparado todo de muy buena fe.
—Lo sé, amor. Con lo que te has esforzado por agradarles. —Sandra se enderezó y negó con la cabeza con desprecio. —Tenías razón, solo me tiene envidia. ¿Ves lo que has hecho, Valeria?
—Estáis locos. ¡Sois unos auténticos psicópatas! —Intentó levantarse, pero su amiga le pegó un tortazo que la tiró al suelo.
—¿Ahora estoy loca? Y yo que creía que eras mi mejor amiga. ¿No te gusta? ¡Pues a mí sí! De hecho le amo más que a mi propia vida. ¿Crees que voy a denunciarle por un maldito accidente? No seas estúpida.
Sollozó cubriéndose la mejilla con la mano. —No podemos dejar a Richie ahí.
—Sí que podemos. —Bill se agachó y la cogió del brazo tirando de ella. Valeria chilló al darse cuenta de que la acercaba al acantilado. —No pienso joder mi vida por vosotros —dijo con esfuerzo por arrastrarla.
Intentando impedir que la despeñara chilló de miedo tirando de su brazo tan fuerte como podía. —¡Suéltame! ¡Sandra!
—No pidas mi ayuda. Eres un testigo.
Helada miró sobre su hombro y vio como apretaba los labios, pero no movió un dedo por ella. —¡No! —Con la mano libre empezó a golpear a Bill en la cabeza y este soltó su brazo en un acto reflejo. Valeria muerta de miedo echó a correr, pero Sandra se tiró sobre ella haciéndola caer al suelo. Se arrastró y cuando sintió que la agarraba por el pantalón se volvió y le dio una patada en la cara que le rompió la nariz. Su amiga chilló llevándose las manos a la cara y Valeria se levantó tan aprisa como pudo evitando que la agarrara Bill y echó a correr adentrándose en el bosque.
—¡Ve a por ella! ¡No se te puede escapar! —escuchó que gritaba su amiga.
Sollozó sin poder creerse lo que había ocurrido. Richie. Con el corazón a mil del pánico corrió entre los árboles para llegar al sendero por el que habían venido. Como casi ni veía en su prisa por huir, tropezó con una roca cayendo al suelo y raspándose el rostro con una zarza. El latido de su corazón resonaba en sus oídos e intentando recuperar el aliento se apoyó en sus manos. Se iba a levantar cuando vio una sombra que pasaba unos metros más allá. Se le cortó el aliento porque era Bill que la estaba buscando, así que se quedó muy quieta. No podía ir carretera abajo, es lo que ellos harían. Vigilarían la única salida durante toda la noche para que no se acercara a la policía. Miró montaña arriba. Aún quedaba mucho por subir. Pero allí no habría nadie y al final tendría que bajar. Escuchó un disparo y se sobresaltó. —Dios mío… —susurró reprimiendo un sollozo antes de taparse la boca con sus manos temblorosas. Estaba armado, iba a matarla. Intentando evitar hacer ruido casi ni respiraba temblando de miedo y le escuchó jurar por lo bajo a lo lejos.

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